Lovefool

Justo hoy, una década después de haberle dado el sí a mi media guayaba, dedico estas letras a reflexionar sobre el amor y el matrimonio.

En mi caso particular, fue necesario cruzar el atlántico y seguir el dictamen de mi corazón, para construir una vida y un hogar multicultural al lado de Don Quijonny, un personaje en todo el sentido de la palabra.

Mi consorte es una persona tan singular, como el destino que nos unió. Ambos estábamos cansados de tener el corazón aporreado y de ese patrón romántico tan distante a nuestra realidad.

Sin darnos cuenta, él se convirtió en mi caballero de armadura oxidada y yo en la doncella desesperada y cansada de esperar el momento del rescate.

Hoy concluyo, miles de días después de esa histórica despedida con un “have a nice life”, tan invernal como ese febrero del 2001, que haber unido mi vida a la de este care belga, ha sido una de las decisiones más desafiantes y aleccionadoras de mi vida.

Lo que a continuación voy a confesar, suena mas duro y cruel de lo que realmente es.
Me dí cuenta de que me casé con la persona equivocada!

PLOP!

besos
Foto tomada de Pinterest

Llegué a esta controvertida conclusión, estando entrepiernados en el sofá. Fue así como nos estremecimos escuchando atentamente una charla Ted, que en tan solo 22 minutos reveló el enigma.

A través de “Por qué te casaras con la persona equivocada” (Why will you marry the wrong person) Alain De Botton reflexiona, de una manera extraordinaria y confrontativa, sobre nuestro concepto moderno del amor.

De Botton cuestiona el modelo que Hollywood y Disney han instalado en nuestro disco duro. Un prototipo basado en las maripositas en el estómago, en la pasión desenfrenada y en esa necesidad, casi enfermiza, de encontrar esa alma gemela.

Su teoría puso en evidencia, una verdad que ya conocía, pero que no había querido reconocer. Esa certeza que me convenció de que ese príncipe azul con el que siempre soñé, no era de carne y hueso, sino que era parte de una fantasía de adolescente. Esa ilusión en la que me empeñaba en seguir creyendo y que me hubiera ahorrado muchas lágrimas y anginas de pecho.

Así de ingenua y debo admitirlo, con la panza llena de mariposas, besé a ese príncipe y decidí casarme con él. La magia del cuento de hadas existió, pero con el paso del tiempo, la llegada de los hijos, la compra de casa y la rutina diaria, esa magia fue sufriendo una lenta pero evidente mutación. Llegamos pues, así a esa inevitable crisis existencial en la que nos preguntamos si haber dado el Sí, a quien se lo dimos, fue la decisión correcta.

Vivimos alimentando un pajazo mental, basado en la idea romántica y errónea, que la industria del entretenimiento nos vende, basada en personajes irreales y utópicos, arquetipos de una vida que la mayoría anhelamos.

ESFJ vs. INTP

Buscando una justificación a mi reciente descubrimiento, empecé a hacer memoria y me remonté al momento en el que con mi (entonces) concubino, nos sometimos a un test de personalidad llamado MBTI (Myers Briggs Type Indicator). Queríamos determinar el tipo de personalidad que nos describía mejor y obviamente, queríamos tener la confirmación científica de que sí éramos, tan compatibles, como lo dictaban nuestros corazones.

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Foto tomada de Pinterest

Luego de responder el consabido cuestionario, llegó el momento de la verdad: el test arrojó un resultado contundente y acertado. Por primera vez, vimos de manera objetiva, cómo ambos eramos perfectamente incompatibles y teníamos predilecciones bastante contrarias.

Otra vez PLOP!!!

Yo soy del tipo ESFJ, una vieja extrovertida en busca de la estabilidad, un ser enfocado en cuidar del otro. Responsable, soñadora y planeadora por excelencia. Una mujer que necesita la aprobación de los demás para sentirse bien consigo misma, un ser netamente emocional, que toma decisiones basadas en los sentimientos y los impulsos.

Él, por su parte es un tipo INTP, personaje introvertido, intuitivo, flexible, pragmático e ingenioso. Amante de ser lo mas diferente posible a lo que la “zoociedad” espera de él. Apasionado de la lógica y experto en cambiar de planes a última hora.

Siendo tan diferentes, como también complementarios, esta ESFJ, escogió al desafiante INTP, para embarcarse en esta aventura de formar un hogar. Vale la pena admitir que sin el romanticismo y la idea de que el amor todo lo puede, no estaríamos juntos, pues fue esa inspiración, la que nos dio empujoncitos cuando más lo necesitamos.

La realidad es que, casi todos, nos casamos convencidos de haber encontrado al complemento perfecto, nos casamos con la idea de cambiar al otro, para crear así una relación perfecta, para demostrarle al mundo que sí era posible hacerlo y que los que no logran este objetivo han fallado miserablemente.

Nos casamos pues, con la idea de perpetuar las maripositas en el estómago. Unimos nuestras vidas para prolongar en el tiempo, ese estado de enamoramiento que nos embriagaba el alma. Nos casamos siendo príncipe y princesa, para convertirnos, con el paso del tiempo en simples seres de carne y hueso.

Cuantos nos hemos preguntado si la relación en la que estamos es la que soñamos? Si la persona con la que vivimos es la correcta? Cuantos nos hemos cuestionado acerca de si las diferencias son lo suficientemente fuertes como para partir cobijas o si son negociables? Si vale la pena seguir adelante, o si más bien, son un motivo para buscar la “felicidad absoluta” en brazos de alguien mas o en la libertad de la soltería.

Es aquí cuando decido reescribir este concepto del amor verdadero, en el que me aventuro a aceptar, a alejarme de esa idea romántica de la perfección, que a la final es perjudicial para la felicidad y la salud mental.

Decido pues, divorciarme de ese modelo en el que somos el uno para el otro, me alejo de esa idea en la que mi marido me va a brindar la felicidad que no he encontrado en mi interior. Me separo de esa idea falsa de la pareja perfecta, que comparte cada gusto y espacio.

Me abro a una relación basada en los pilares de la negociación y los acuerdos inteligentes y sensatos, en la aceptación que nace de esa complementariedad imperfecta, cimentada en la tolerancia y la aceptación de ese personaje “no tan errado” con el que contraje nupcias, ya en cuatro oportunidades.

Al final, la conclusión es que me casé no con la persona, sino con la idea equivocada. Porque Don Quijonny tiene de príncipe lo mismo que yo tengo de doncella. Porque ninguno de los dos llena las expectativas de nuestro entorno. Porque somos seres humanos, imperfectos y vulnerables, con los que vale la pena pelear, argumentar y volverse a contentar.

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Foto tomada de Pinterest

Nos escogimos como compañeros de vida, padres, amantes y confidentes. Nos escogimos con la idea de llegar a viejos juntos. Nos escogimos porque tenemos un proyecto en común, basados en los mismos pilares éticos y aunque (aún) no sabemos como leer nuestros pensamientos, tenemos dos testigos y motores que nos recuerdan a diario que vale la pena seguir trabajando, para hacer que esta locura funcione.

 

Así como el aluminio, material que conmemora esta década de matrimonio, le pido al universo para que nuestra vida conyugal tenga sus mismas propiedades físicas y sea: inoxidable, incorrohible, maleable y resistente.

4 thoughts on “Lovefool

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  1. Hola Maria, precisamente fue Alain De Botton el que escribió el artículo que leíste.
    Un abrazo y gracias por visitar el Inquilinato

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  2. Estas confesiones íntimas debería ser un hand book para todas las parejas.
    La objetividad con que analizas las relaciones de pareja es toda una enseñanza para que los amigos / novios / amantes / concubinos se descubran a si mismos y – si es su deseo – extiendan en el tiempo la vida comun sorteando y discutiendo entre ellos / ellas las adversidades propias de la convivencia.

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