La isla bonita

Y cómo empezar este relato, sí llevo semanas dándole vueltas al título, al párrafo inicial, a las descripciones. Han sido varios borradores y varias cavas, buscando los adjetivos apropiados para compartir con usted, mi querido lector, una de las experiencias más extraordinarias que he vivido.

Todo empezó al hacerme secuaz y protagonista del sueño de mi mejor amiga: irnos al ártico a cazar auroras boreales. Debo confesar que cuando me lo propuso, lo dudé, no sólo por ser un destino de precios prohibitivos, sino por sus bajas temperaturas y alta actividad volcánica. Sin embargo, hoy estoy convencida de que haber emprendido esta aventura, con mi camarada del alma, fue fascinante.

IMG_1596Islandia, la segunda isla más grande Europa, me robó el corazón con sus 103.000 kilómetros cuadrados, en los que la lava y el hielo coexisten; en el que los picos de montañas, glaciares y volcanes sobresalen sobre una tundra, en los que con su escasa presencia de árboles y vegetación, pero abundante en energía geotérmica, se calienta el alma, con tan solo admirar su inmensidad desde una ventana.

Aterrizar en Reikiavik, su capital, me aceleró el pulso. Al caminar por sus coloridas calles con mapa, cámara y morral al hombro, me embargó un sentimiento irracional de magia y fascinación.

Fue amor a primera vista, las mariposas amarillas de Gabo volaron desde Macondo al ártico, para aletear a mi alrededor, mientras experimentaba orgasmos visuales, al contemplar la magnificencia de sus paisajes.

Este inverosímil terruño es bañado por aguas gélidas y puras, sus suelos están cubiertos de musgo y lava seca, su territorio está habitado por poderosos géiseres y sus vientos árticos transportan consigo tradiciones milenarias de una cultura misteriosa y encantadora.

Con la complicidad de mi compañera de viaje salimos de cacería, pero no de osos o zorros polares… NO, esto iría en contra de nuestra alma ecológica. Cazamos pues auroras boreales, perseguimos tesoros escondidos al final de varios arco iris, y los encontramos; en medio de  noches heladas y cielos despejados, a los pies de majestuosas cascadas, con nombres tan impronunciables, como el sentimiento de grandeza y ventura, al sentirnos salpicadas por sus chispas de cristal.

Al recorrer las carreteras por la ruta del círculo de oro, me embelecé con sus épicos paisajes, de picos majestuosos, entrañas de este planeta,  que hierven con fuerzas adormecidas. Y es así como al recordar esos recorridos, revivo esa erupción de sentimientos, dejando que mis ojos se llenan de lágrimas y se me erice la piel.

Caminar por sus playas de arena negra y olas impredecibles, me lleva a un estado de contemplación y de conexión con Ingólfr Arnarson ese primer vikingo, que en el siglo IX se instaló aquí, en búsqueda de nuevas tierras.

Cenizas y Olvido

Dejemos pues la poesía a un lado y entremos en materia. Esta helada ínsula, vivió por muchos años en el olvido, pero un par de sucesos pusieron los ojos del mundo aquí. Todo comenzó en el 2008, con la famosa revolución de las cacerolas, en la que sus habitantes armados de coraje, tapas y ollas, lograron derrocar al gobierno, luego de la explosión de la burbuja financiera y la posterior bancarrota nacional.

No contentos con esa mojada de prensa, Islandia volvió a ser protagonista, cuando el imponente y no por demás,  impronunciable Eyjafjallajökull hizo erupción. Este hecho originó una nube de ceniza tan poderosa, que provocó madrazos a diestra y siniestra, al anunciarse el cierre del espacio aéreo del viejo continente.

Pero la fama vikinga no sólo se limita a volcanes y quiebras, Björk es un claro ejemplo, así como Jóhanna Sigurðardóttir la primera Primer ministra mujer y además gay, quien cogió la sartén por el mango y sentó las bases para sacar de la ‘olla’ al país’.

Y estando ad portas del mundial de fútbol, es necesario mencionar al sorprendente onceno vikingo, quienes por primera vez en sus historia,  clasificaron a la copa del mundo, ganándose un récord Guiness, por ser la selección de un país con menor población (348.580 habitantes) en obtener un cupo para jugar en Rusia, contra grandes selecciones como Argentina y Croacia.

Entre sagas y elfos

Los islandeses también se jactan de tener una riqueza cultural asombrosa, consignada en las famosas sagas, que a través de versos, transmiten las arraigadas costumbres nórdicas. Su lengua, es uno de los idiomas más complejos, que ha logrado mantenerse casi intacto a través de los siglos.

Su mitología, también se mantiene. Es así como hoy,  más de la mitad de los Islandeses cree y respeta a los elfos: criaturas pequeñas y traviesas, que habitan en los jardines y debajo de las piedras. Culpables de esconder las llaves de la casa y boicotear obras de construcción.

Es verídico que al inicio de proyectos de infraestructura, es necesario evaluar, y hasta consultar la opinión de estas criaturas, para evitar obstruir su hogar e impedir que la desgracia le caiga a las nuevas edificaciones.

A pesar de vivir la mayoría del año en el frío y la oscuridad, los islandeses son un pueblo feliz, esto se debe a que sus necesidades básicas como educación, salud, calefacción y agua potable, son cubiertas y además gratuitas. En este islote, no existen las diferencias de clases sociales y el crimen es tan poco representativo, que en en la capital, tan sólo existe una cárcel, con capacidad para 56 reos.

Es un verdadero placer departir con sus nativos, quienes a través de conversaciones llenas de calidez y humor, me acercan a esta tierra rica en recursos naturales. Son ellos, la representación de una raza en la que la mezcla de Escandinavos e Irlandeses, se traduce en una amabilidad y simpatía, que no concuerda con sus condiciones climáticas.

Con sus barbas de hipsters, se pasean por la vida usando su tradicional lopapeysa, comiendo carne de tiburón, cabezas de cordero y pagando hasta un chicle con tarjeta de crédito. De ellos aprendí a mirar la vida con gafas positivas, y a asumir la adversidad con la mágica frase Þetta reddast, que significa: ‘ten fe que ya todo se arreglará’.

Y mientras tecleo estas palabras, mi mente se empeña en memorizar cada uno de sus paisajes, para que sigan en mi cerebro, hasta el grandioso día en el que recorra de nuevo sus vías; para maravillarme de nuevo con su cultura, su arquitectura minimalista, sus fachadas y techos coloridos; para hacer un álbum con cada muestra de arte urbano, para deleitarme con sus onerosas cervezas y épicos perros calientes.

Anhelo perderme de nuevo en esos bailes de partículas solares detrás de sus colosales montañas, sentirme parte de esas metáforas de felicidad, donde las nubes se confunden con la nieve, donde las aguas termales limpian la piel y el espíritu, llevándome a agradecer a la fuente creadora haber creado esta isla bonita.

10 thoughts on “La isla bonita

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  1. Pude viajar con este relato hasta cada rincón descrito y dejarme fascinar por los colores, aromas, paisajes y sonidos. Increíble narración y excelente trabajo de reportería gráfica. Un destino tan impresionante como sus fotos. Ojalá pudieras enviar este texto a alguna publicación de turismo sería, que le dé el valor que se merece. Te adoro

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  2. Un relato cálido como la descripción de cada apartado. Un mundo para deleitarse convirtiéndose en un Islandés o simplemente en un elfo.
    Hermoso como siempre leerte!

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    1. Si viajo y escribo es por esa inspiración que tu siempre me has dado, es un honor que viajes de nuevo con mis palabras!

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  3. Me encanto tu texto Angela muy inspirador!! Me dieron ganas de conocer islandia!

    Verzonden vanaf mijn Samsung Galaxy-smartphone.

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    1. Gracias Caro, a ti que te encanta el plan de acampar te lo recomiendo, tu familia va a flipar en esos paisajes y tus hijos se van a enloquecer con la mitologia vikinga!

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