The sound of silence

Luego de una prolongada pausa, quiero llevarlo a usted, querido lector a esa habitación de mi inquilinato, donde no suena la canción de Simon & Garfunkel, donde no hay wifi, ni libros, ni instagram; una habitación silenciosa en la que sólo existimos mi cuaderno, un kilométrico y yo.

Todo empezó unos años atrás, cuando en busca de  respuestas, me topé con la meditación Vipassana, una práctica ancestral impartida por los monjes Budistas, que se basa en hacer plena conciencia de la respiración y cada uno de los pensamientos y emociones.

La descubrí en un templo Budista en Tailandia, la practiqué con  dedicación por un par de semanas, pero mi eterna procrastinación se interpuso en el camino. Fue así como mi manual de meditación terminó arrumado, al lado de los Cd’s de mindfulness y los libros de Feng Shui y Reiki.

Como todas las lecciones importantes en mi vida, la meditación volvió a aparecer en el momento justo. Se presentó en una invitación a pasar un fin de semana en el Instituto Tibetano de Huy. El desafío consistía en pasar 48 horas en absoluto silencio, alejada de mi realidad, de las redes sociales, y sin el ruido de esta zoociedad.

Llena de pavor convencí a mi comadre y amiga del alma, para compartir -en silencio- dos días de retos, sentada cara a cara con ese Yo que a veces aborrezco.

Enseñanzas milenarias

En un entorno místico, rodeado de robles y pinos, enmarcado por el dorado de un Buda, que brilla como el sol, nos internamos en un templo tan colorido como los pensamientos que me acompañan. Exploramos las enseñanzas milenarias de maestros de oriente, para concientizarnos de ese monólogo interno, en el que la desaprobación y los dictámenes son el lenguaje exclusivo.

No se trata de tener la mente en blanco, sino percibir, ser consciente del aquí y el ahora, aceptando cada idea y cada juicio, sin aniquilarlos.

En medio de palabras no musitadas, compartimos una banca bajo el sol, la misma habitación y ese  anhelo de llegar a nirvana. Ella y yo recorrimos caminos diferentes, pero al final estamos en sintonía pues tenemos los mismos  miedos y preocupaciones.

Alejadas del ruido del ego y de esa necesidad de gratificación instantánea de las redes sociales, pusimos frente a nosotras un espejo en el que nos ha dado  terror mirarnos.

Durante 48 horas nos sentamos a los pies de Buda, probamos el dulce -y a veces amargo-  sabor del silencio, apaciguando (a  ratos) las ideas, descubriendo las bondades de la contemplación.

Sólo una hora más en silencio

Con cada segundo, me enfoco en mi respiración, en los movimientos de mi vientre, percibo como entra el aire por mi nariz y va pasando por mi cuerpo; pero esta concentración sólo me dura un par de minutos. Llegan a mí retazos de memorias, remordimientos de un ayer y preocupaciones de un mañana,

Las incomodidades físicas se hacen también presentes, un piriforme irritado entorpece la  tarea de mantener la posición de loto; me rascan la nariz, la pierna y la ceja y cuando creo haber superado la piquiña, empiezo a sentir un hormigueo en la planta de los pies, conclusión: estoy profundamente desenfocada.

Pero lo sigo intentando, el caer de la tarde y el cansancio del día son innimentes, mi concentración se esfuma y con ellas las ideas se tornan en canciones que vienen y van. Un “ella usó mi cabeza como un revólver, e incendió mi conciencia con sus demonios” me acompaña incesantemente. Vuelco mi atención a mi vientre e ignoro a Cerati y sus acordes.

La ley del castigo

Al llegar la hora de comer, me perturba estar sentada a su lado, sin poder hablarle, con la incomodidad del silencio entre seres extraños, con los que me rehuso a hacer contacto visual, para no incomodarlos, para no invadir su intimidad.

Comer en plena conciencia y sin el condimento de las palabras, me permitió saborear, como nunca antes, cada grano de arroz, cada verdura. Pude saciar mi sed y sentí como mis pupilas gustativas se despertaban con el mordisco a una manzana.

En silencio entendí mi relación turbia y conflictiva con la comida, comprendí porque busco refugio en las golosinas, cuando tengo el alma arrugada o la rabia a flor de piel. Fui consciente de que, en muchas ocasiones, uso los alimentos no para nutrirme, sino para castigarme y “llenarme” la panza a punta de pensamientos negativos.

La cena dió fin a  la jornada, mas no a los os retos: me voy a la cama sin un “buenas noches ” y sin compartir la experiencia vivida. Me metí en mi cuaderno para plasmar lo que no podía comunicar. A la mañana siguiente, lo extraño fue empezar el día sin saludar, una sonrisa fue nuestra unica conversación.

La jornada comenzó con una caminata en medio de una floresta de coníferas, dando cada paso de manera intencional, nombrando cada movimiento: “pie izquierdo… pie derecho… pie izquierdo… pie derecho” estando enfocadas en cada pisada.

El segundo día fue agotador, los juicios se hicieron más latentes y las ganas de claudicar evidentes. Pero el compromiso mutuo y la lejanía de la gran urbe, fueron cómplices y nos exhortaron a finalizar el cometido.

Conclusiones muchas conclusiones

Las enseñanzas fueron infinitas: vi claramente como el silencio nos aleja del ruido del ego, ese que se nutre con nuestros juicios. Reconocí mis emociones y comprendí la razón de su existir, me miré reflejada en un espejo que hablaba con palabras de rabia,  inseguridad y melancolía.

Percibí que mi esencia de “people pleaser” viene de un miedo desmesurado al rechazo y al abandono. Por eso me he dedicado a complacer al mundo, ignorando mis límites, para hacerme imprescindible, y garantizar así que quienes amo no se atrevan a dejarme.

Esta estrategia de juego la uso en el amor, en el trabajo, en mis relaciones interpersonales, pues necesito del otro para que me de confianza, para que mi Yo interior se coma el cuento de lo que valgo.

El silencio prolongado y a conciencia, me ayudó a realinearme,  a sosegar ese ego que a diario engorda a mi peor enemiga. Vi claramente lo amable que soy con el mundo exterior, y lo cabrona que soy conmigo misma:  desaprobando cada falencia, y minimizando los aciertos, pues no son tan grandes como esperé.

Finalizo pues esta disertación, lejos de quere convencerlo o adoctrinarlo señor lector, mi intención no es convertirlo a otro credo o persuadirlo a practicar la meditación. Tan solo intento  compartir mi experiencia, y poner algo de orden a tantas deducciones.

Estoy muy lejos de ser una erudita en el tema espiritual, pero los pocos mordiscos que le he dado a la manzana del sigilo han sido un despertar y me han hecho encontrarme cara a cara -y a raticos- con ese nirvana, esa paz espiritual que tanto buscamos.


And in the naked light I saw
Ten thousand people,

maybe more
People talking without speaking
People hearing without listening
People writing songs that voices never share
And no one dared
Disturb the sound of silence

3 thoughts on “The sound of silence

Add yours

  1. Increible….. qué oportuno ! El proximo 6 dic empiezo el vipassana por 10 dias en Sasaima ( Cund ) . Tu minucioso relato es un pertinente aperitivo de lo que me espera.
    Te lo gradezco mucho. Sé que no será fácil pero espero llegar a los imperios celestiales y lograr la paz y tranquilidad necesarias para entender tanto las adversidades de la vida como para disfrutar sus encantos.

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  2. Angie, a través de diferentes caminos, experiencias, aprendizajes; estoy segura que cada persona en este mundo busca exactamente lo mismo que tú nos compartes con tanto amor y honestidad en tu post… Cada quien le pone el nombre que quiere, por mi parte estoy de acuerdo con tigo, paz interior!
    Me encanta leerte… Ya me hacías falta… Abrazote!

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  3. Hola, te estaba debiendo mi comentario sobre este inquilinato, disculpa pero estaba pasando por lo que llamaremos un trance emocional y la culpa se la aduzco al echo de mi proximidad al cambio de dígito y a la no tan buena idea de leerme un libro de psicología que cariñosamente me regalo una amiga pero que a pesar de sus buenas intensiones en vez de ayudarme creo que se convirtió en un detonante que despertó todas esas macabras vainas que acumula uno sobre la espalda por años y años. Malos recuerdos y malos momentos, rabias y frustraciones que no se por q’ diablos los psicólogos creen que toca sacarlas si dormidas estaban muy bien, traer eso al presente fue mas el mal que el beneficio si al fin y al cabo dormirlas es como un método de defensa . Ataques de angustia, ansiedad, miedo, rabias reprimidas y una imaginación incontrolable con escenas patéticas que lo único que lograron fue hacerme pasar una navidad abrumada. Vaina pa’ dura. Y yo haciéndome la que aquí no pasa nada. Finalmente la tiroides normal y el electro regio. Carajo! Ahora quede casada con otra psicóloga pues la medica consideró que debía asistir a unas “charladitas”. La vaina y la pendejada al fin se me quito.

    Y ahora si entrando al tema y después de esta experiencia no sabría decir si fuera capaz de tanta meditación y tanto silencio, la imaginación se despierta cuando no se tiene la mente ocupada y empieza a volar incontrolable por eso ahora lo que estoy tratando de hacer es ocupar la mente, además creo que me dormiría en menos de 20 segundos pues es parte de mis tips para dormir, consientemente relajar los músculos de la cara y el cuello, poner la mente en blanco y eso es rapidito que te duermes. Creo que no disfrutaría y mi cuerpo físico no aguantaría.

    Un abrazo.

    ________________________________ De: Inquilinato Enviado: jueves, 29 de noviembre de 2018 1:40 p.m. Para: annamariaco@hotmail.com Asunto: [New post] The sound of silence

    Inquilinato posted: ” Luego de una prolongada pausa, quiero llevarlo a usted, querido lector a esa habitación de mi inquilinato, donde no suena la canción de Simon & Garfunkel, donde no hay wifi, ni libros, ni instagram; una habitación silenciosa en la que sólo existimos “

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