De música ligera

Mi vestíbulo se llena con los rayos de un sol invernal y agonizante, mientras la piel se me eriza y  la imaginación se embarca en un viaje atemporal al tararear una de mis canciones favoritas “It’s a beautiful day… don’t let it get away… touch me… take me to that other place”, trasladándome a ese lugar mágico escondido en la memoria.

Es así como emerge esta apología a mi eterna camarada, esa fiel cómplice y delatora, la que le ha dado matiz a cada leyenda y relato: mi música.

Y la llamo mía porque con los años hemos erigido una relación especial, en la que yo escucho atentamente y le doy licencia para apropiarse de mí con sus acordes y líricas, para socavar en las emociones únicas  que me producen sus notas.

Nuestra relación empezó en la pubertad, cuando a mis manos llegó un cassette de procedencia gringa, esa recopilación radial de “música americana” abrió la caja de pandora, llevándome al alucinante lugar donde habitan acordes y melodías.

Asumí a temprana edad el rol de disc-jockey novata y dediqué tardes enteras pegada a un pausa-rec-play, tratando de recopilar esas canciones que me despertaban curiosidad. Mi analfabetismo en palabras anglosajonas, fue un incentivo para aprender un idioma foráneo y conectar así con sentimientos y narraciones un tanto incomprensibles.

casetteee.jpgAcompañada de un walkman amarillo, adopté trovas ajenas, que se convirtieron en parte de mi crónica personal. Sobre la mesa de noche acumulé recortes de periódico (la página del rock) y numerosos cassettes con mezclas de house caseras, fabricadas en el tornamesa de un dj primíparo pero habilidoso.

Interminable lista

La música ha tejido mis relaciones, cada mortal con el que he compartido el camino ha dejado una huella inequívoca en mis gustos musicales. Es así como los sujetos más importantes han creado una lista de géneros y canciones favoritas, muchas con nombre propio.

A mi tío el hippie y viajero le debo la fascinación por Bob Marley, los Rolling Stones y The Beatles; a mi papá la admiración por Beethoven y Nana Moskouri; a mi primer amor las veladas de Soda Stereo, parrandas vallenatas y los beats electrónicos de Ace of Base y Technotronic; de la mano de mis amigos de la universidad descubrí la pasión por la salsa y el reggae; a mi flaco le debo las lecciones tardías de Pink Floyd, Arsenal y Ben Harper y a mi hermana los infaltables U2 y Frank Sinatra.

La lista es inagotable, cada tema de antaño me lleva a otras esferas, es así como al escuchar a Roxette y Depeche Mode me vuelvo a poner el uniforme de colegiala; con Café Tacuva y Maná vuelvo a saltar en las primeras fiestas caseras; Bon Jovi, Fito Páez y UB40 me teletransportan a la multitud de los conciertos, mientras que TLC y Mary J Blidge me llevan de regreso a New Jersey. Por su parte el grupo Niche, Jerry Rivera y New Kids on the block me remolcan de paso por la nariz de diablo, mientras que Noir Desir y Yann Tiersen saben a vino de Bordeaux; y Cesaria Evora evoca tardes de cava y tertulia. En fin, son tantas canciones que no me alcanzaría este blog para mencionarlas.

djrooms_vinylwomen003El arte de las musas ha sido protagonista y espectador, ha sido artífice de amoríos y despechos, de desvelos y madrugadas, ha sido testigo y hasta consejero. He usado sus líricas para describir mis sentimientos, al punto de destinar horas llamando a la estación de radio, para dedicarle “al aire” canciones a mi amado.  Y cuando la intensidad de mis afectos se quedaba corta en palabras, me armé de cassettes y CD’s para expresar lo más profundo de mi sentir.

Cuando asumí el rol de migrante, fue este arte el único tesoro que viajó a mi espalda, dejé atrás personas y objetos valiosos, pero me traje un morral repleto de CD’s, que por cuestión de espacio viajaron en una cartuchera y no en su empaque original. Hasta el día de hoy siguen a mi lado, son parte parte de esa identidad que solo desaparecerá cuando mi corazón deje de latir.

En tiempos de plataformas de música en línea, esos CD´s se hacen obsoletos y se vuelven protagonistas de un museo de notas, que rebobina mis memorias como sí fuera un cassette, al escuchar esos acordes incrustados en el alma.

“Sin música, la vida sería un error”

Así es ella: seductora, inspiradora, poderosa, mágica.  Razón tenía Nietzsche al afirmar que “Sin música, la vida sería un error”, porque sin ella es imposible volver a lugares y personas entrañables. No por nada los expertos en sicología se han dedicado a estudiar sus efectos el ser humano y en el funcionamiento cerebral. No por nada la utilizan para tratar desórdenes como el alzheimer y la demencia.

Todos hemos experimentado un déjà vu al escuchar esa canción particular, todos hemos emprendido esa fascinante travesía, al revivir momentos de la adolescencia y temprana adultez. Es este un fenómeno bastante conocido, se llama choque de reminiscencia, en el que cada uno de los recuerdos se ha hecho imborrable al colarse en la memoria a través de la corteza prefrontal media, esa fracción cerebral que conecta las remembranzas y emociones con melodías específicas.

Volvemos en el tiempo a esa temprana edad, pues es ese el periodo de la vida en el que moldeamos nuestra identidad, en el que las creencias culturales y políticas se van formando, es justo ahí cuando el oído se va afinando y ajustando al entorno. Es también el periodo de las primiparadas: el primer beso, la primera vez, el primer despecho… situaciones particularmente memorables que van armando esa peculiar banda sonora.

Así pues el ritmo y la letra de las canciones viaja a través del aire a nuestro oído, en forma de vibraciones y ondas sonoras, que se traducen en impulsos eléctricos, peregrinos de un sistema nervioso que tiene como labor seducirnos. Gracias a las ondas gama, beta, alfa y delta liberamos también dopaminas, generando en nuestro organismo el mismo efecto de un chocolate, el buen sexo o las drogas.

Do, Re, Mi

A través de la música me es posible llegar al éxtasis,  en cada concierto y festival al que asisto me sumerjo en la sensación profunda de escuchar música en vivo, experimento  como los beats y acordes se fusionan con mi corazón, me lleno de felicidad y placer. Esa emoción indescriptible y legendaria que nace al cantar desafinada pero unánime, con el artista de turno.

Estoy lejos de ser experta en este tema, ni siquiera me atrevo a tocar un instrumento musical, lo que si me ha pasado es que al igual que el buen vino y el queso, mi paladar musical ha madurado y he aprendido con el tiempo a apreciar géneros que antes no pasarían por mi lista de favoritos. Hoy en día, valoro un bolero y un clásico del rock, de la misma manera que aprecio el buen jazz y porque no hasta el reggaeton.

besosEs  así como ya no armo CD´s sino listas en spotify, famosas entre mis comadres, por ser variadas y adecuadas para cada ocasión. Tengo varias para las parrandas, una para cocinar, otra como antídoto para  la nostalgia, también tengo una para trotar y pedalear, y una muy particular con las canciones que requiero que toquen en mi funeral.

Así pues querido lector, lo invito a que descubra y desnude mi alma, mientras explora Mi Inquilinato, ese lugar donde puede escudriñar esta historia a través de palabras y canción, es este el lugar en el que mis artistas favoritos han donado (involuntariamente) sus títulos para encabezar cada uno de mis post.

No siendo mas, me despido y le pido a Apolo la deidad de la música, para que me siga regalando tantas emociones y recuerdos, para que mantenga indeleble ese pasaporte que me lleva de correría en el tiempo y el espacio; para que me conceda días llenos de música, baile y canción y para que mis oídos se sigan deleitando con el Do, Re, Mi que tanto me alegra el corazón.

 

2 thoughts on “De música ligera

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  1. Querida Anggie… Tienes el gran don de trasladar a quienes te leemos a situaciones que hemos vivido pero, que si no fuera por tu buena pluma, se quedarían en el baúl de los recuerdos.
    Coincido totalmente contigo en la íntima Relación que hay entre las canciones y las personas con quienes las disfrutamos.
    Disfruto mucho los imaginarios viajes por los que nos guías !!!

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    1. Y yo disfruto tu compañia en cada una de mis aventuras de pluma.
      Además en este capítulo tuviste hasta mención y protagonismo.
      Gracias por siempre leerme y por ser inspiración de letras, viajes y relatos.

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