Moscas en la casa

Sentada bajo tus ventanales me dejo calentar el alma por el sol otoñal, me embarco en un viaje en el tiempo, para regresar al 2016, el año en que llegaste a nuestra vida, querida casa número 39.

Cuando te ví por primera vez te enjuicié, por los muebles que te habitaban, los colores rechinantes de tus espacios, tu cercanía a un estadio y esa inexpresiva fachada. En esa primera visita, me dejé hastiar por el caos, y la presencia de objetos de guerra y graffitis lúgubres.

No fue amor a primera vista, todo lo contrario, pasamos de un NO rotundo, a un tal vez, para al final dar un SÍ auto impuesto, y lleno de dudas.

Antes de recibir las llaves, sobrellevamos fortuitos administrativos, y el caos por promesas no cumplidas. Emprendimos así una carrera contra el tiempo, en la que tocamos muchas puertas, para obtener una financiación más alta de la que habíamos pactado.

Cuando empezamos a renovarte, y a desnudar tus paredes, nos encontramos con un montón de capas de papel de colgadura. Descubrimos historias escritas por tus previos habitantes, y nos percatamos de la debilidad de tus muros y estructuras añejas. La lista de imprevistos fue entonces tan amplia como la cantidad de páginas en tus escrituras.

Acompañada de  lamentos incesantes y varias lágrimas, lijé uno a uno los residuos del pasado en tus murallas, y pulí como una experta las superficies de madera, tratando así de desvanecer el arrepentimiento, y esas ganas de volver a la casita en la que vivíamos apretujados, pero con armonía visual.

Adecuar un espacio tan lejano a mis anhelos fue en los primeros días un tormento. Me enfoqué en el frondio color de tus puertas y escaleras, en la falta de guardabarros, en la fachada trasera corroída por el sol y en tu jardín sin encanto. En cada esquina veía fallas arquitectónicas, inventariaba la cantidad de horas de trabajo, y agregaba ceros a la lista de posibles facturas a pagar.

Rayando el sol

Mi casa vintage

Con el paso de las semanas se asomaron los primeros signos de cariño, poco a poco aprendí a conocerte y valorarte. Me cautivaste con la luz que al rayar el día se cuela por tus  ventanales en la cocina y la terraza. Ese resplandor que me acompaña con cada taza de café en la mañana, con cada tarde de juego de mesa y cada horneada de galletas en familia.

Tu entorno dejó de ser frondio para engalanarse de un blanco minimalista, de maderas desnudas y aromáticas, de amplitud y comodidad. Esta casa empezó a llamarse hogar, a vestirse de plantas, cuadros, objetos vintage y artesanías. Le dimos pues el apellido bipartita a tus cuatro paredes, nuestras paredes, esas mismas en las que también registramos los avances en la estatura de nuestros hijos.

Tus estructuras disiparon mis dudas, y me revelaron inmensas posibilidades. Tus recintos menguaron discordias familiares, pues  le ofreciste a cada  miembro de esta tribu, un lugar propio en el que descubrimos la independencia espacial.

La enredadera de tu fachada desapareció, dando lugar a ese matorral de lavanda, que cada verano se convierte en un hotel de paso para abejorros y mariposas. Sus flores y aroma cautivan a transeúntes, y es una prueba clara de que las apariencias engañan, y que tras esa puerta azul descolorida, se esconden los sueños de una familia ecológica y multicultural.

Con el paso del tiempo, he aprendido a entender que tus cambios físicos toman más tiempo del que yo quisiera. Pero esa tardanza hace que los disfrute más cuando llegan. Entendí que la falta de “Don Chucho” (el todero), implica que sean nuestras manos las que tomen cincel y martillo, y sean ellas las que se agrieten y asuman el rol de albañil, restaurando la historia que se escribe bajo tus plafones de yeso.

Tus paredes han sido espías y espectadores de inicios y finales, de asados, veladas de amigos, tardes de risk  y una que otra discusión. Has dado hospedaje a ilustres visitantes desde varios rincones del planeta, que han venido a enriquecer tus historias y esos secretos que guardan tus ladrillos.

Street Art de @sandrarescobar en la casa 39

Uno de esos ilustres visitantes, la artista de la familia, desbancó con habilidad maestra, a ese graffiti sombrío en tu tapia trasera. De su mente creativa y su prodigio con los aerosoles, nació una pieza de street art, que llenó de colores vivos los días cortos del invierno. Pero pocos meses después, un ventarrón y las ramas de un árbol asesino acabaron con nuestra galería de arte urbano, pero nos dejaron el recuerdo de un retrato familiar que representa lo particular de este clan. 

Casa vieja

Con la llegada de cada nueva estación, verifico que eres un espacio con mucho potencial, y también uno que requiere trabajo, dedicación, paciencia, pero también aceptación, y esa virtud, querida casa número 39, es lo que has venido a enseñarme.

Algunos te tildan de casa vieja, pues tus cimientos datan de la gran depresión de los años 30. Pero a mí me gusta llamarte mi casa “Vintage”, porque eres acogedora, porque  te reinventas, porque eres fotogénica y encantadora. Cada uno de tus escalones de pino emite un aroma especial, que se conjuga con el murmullo de tus pisos de madera, y ese encanto particular que tienen las obras sin terminar.

Hoy 4 años más tarde me siento agradecida, y un tanto apenada, por haberte juzgado. Pues al igual que tus cuatro habitantes, tienes muchas cosas por mejorar. Y a pesar de todo, eres ese espacio que me ha permitido ver a mis hijos crecer, recibir visitas y pasar una pandemia con la tranquilidad de saber que no importa lo que venga, este es el búnker en el que me quiero abrigar.

Luego de unos pocos años respirando el aire dentro de tus muros, hoy puedo decir que te siento mía, porque eres un reflejo de lo que somos como familia. Hoy escojo verte en tu grandeza y esplendor. Agradezco cada uno de tus espacios y virtudes, y así como bajo tus ventanales crecen mis matas, así lo hacen mis sueños.

Así que hoy cuando decido deshacerme de esas moscas que atacan las raíces de mis plantas, también decido agradecerte, casa número 39, por ser mi morada, y por ser la escenografía perfecta para ese lugar al que llamamos hogar.

7 thoughts on “Moscas en la casa

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  1. Hermoso reconocimiento al espacio sagrado donde crece tu familia … donde construyes día a día cada historia…
    Adore tu relato, gracias por compartir. Espero algún día visitarte y conocer tu amada casa #39. Abracitos.

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