Tu amor me hace bien

Mi camino empieza desde Amberes, con lágrimas de emoción, más no cargadas de nostalgia, pedaleo los 5 kilómetros de distancia hasta la estación de tren. Luego de una hora llego el aeropuerto (mi lugar favorito).

Busco un lugar acogedor, me dispongo a escribir y como un mensaje divino, escucho “Only love” de Nana Moskouri, una de las canciones que adoraba mi papá. Señal divina que me augura un #buencamino y me recuerda que Polito también me acompaña.

Sentada al lado del inmenso ventanal, las palabras fluyen, mientras el calor del sol entibia mi alma. La voz de Moskouri se pierde en el ambiente, la protagonista es ahora la tonada que otro viajero toca en un piano público. Su color es negro azabache, al igual que la piel del hombre que interpreta melodías inéditas.

El tiempo pasa pero no me preocupa, pues hoy lo tengo de sobra. Leo, escribo, escucho música, vuelvo a leer, a escuchar y a escribir. Repito y vuelvo a empezar este ritual.

En un milisegundo de sigilo, me doy cuenta de que le estoy huyendo al poder del silencio, un caudal de emociones me tiene inquieta, eufórica, nerviosa y algo intranquila.

Creo que le huyo a la poderosa afonía, porque no sé qué viene de su mano, pues a decir verdad, sé a ratos meditar, pero no logro acostumbrarme a escuchar su imperceptible voz.

Sé que mi caminar y el sosiego serán una constante en este peregrinaje, también sé que a ratos tendré que valerme de mi música para que me de valentía y compañía.

Con ayuda de las personas más importantes de mi vida, creé una lista especial para mi #CaminoaSantiago Cada canción que está ahí tiene una historia, tiene un mensaje, tiene una intención.

Le doy play al listado, Marc Anthony se encarga de poner en mis oídos esa canción, remembranza de un viejo amor. Hoy la escucho diferente, la evocación de hoy no fue al pasado, fue una auto serenata, en la que me canté y me dedicé cada sílaba de “Tu amor me hace bien”.

Al escucharla, sentí que era esta fulana de ojos verdes, la que se merecía esas palabras. Nadie más indicado, sólo yo y nadie más que yo.

Y gracias a ese son, me propongo regalarle estos 10 días de camino, a esa mujer que hoy escribe estas letras. En Galicia soy mi “date”, mi enamorada!

Este caminar va a ser un encuentro con ella, con mi niña bonita, a veces olvidada y otras tantas ignorada. Y me digo a mi misma, antes de subirme al avión, lo mismo que Snoop Doggy Dog:

“I wanna thank me for believing in me
I wanna thank me for doing all this hard work
I wanna thank me for having no days off
I wanna thank me for, for never quitting”

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