Losing my religion

Nací en el seno de una familia católica, estudié en un colegio de monjas, por muchos años recé el rosario, confesé mis malos pensamientos de adolescente y comulgué.

Pero al salir del país y querer aprender de otras culturas, me encontré con otros credos y costumbres religiosas.

Todo esto me llevó a cuestionar mis propias creencias, y a pesar de causarle dolor a mi mamá, decidí quitarme la etiqueta de Católica, Apostólica  y Romana para pegarme la de ser humano en busca de la espiritualidad.

A través de viajes, lecturas y documentales aprendí sobre el Budismo, el Judaísmo y otras doctrinas, pero el Islam hasta ahora, se me había quedado en el tintero.

Siendo la tercera religión monoteísta en el mundo y lastimosamente, una de las palabras más usadas en los discursos políticos actuales, el Islam despertó en mi una curiosidad asombrosa. Así pues, decidí adentrarme por un día, en una de las tradiciones de más de 80.000 habitantes de mi ciudad: el ayuno durante el mes sagrado del Ramadán.

Me embarqué pues, en esta experiencia de 24 horas para entender, romper estereotipos y experimentar por tan sólo unas horas un poco de lo que significa ser adepto del Islam.

Durante este lapso de tiempo mi cuerpo sólo se alimentó de agua y del apoyo moral de mis conocidos musulmanes, que me alentaron a cumplir con esta promesa y me documentaron sobre los cinco pilares del Islam y la importancia de esta práctica.

Durante estas largas horas tuve como intención entender lo que los medios no nos muestran, ver más allá de un velo o una túnica, y dejarme fascinar por las tradiciones del medio oriente.

El mes del perdón

Ramadán (en árabe رَمَضَان ramaḍān) es el noveno mes del calendario islámico. Este periodo es para los seguidores de Alá, el mes del perdón de los pecados, y de la limpieza física y espiritual a través del ayuno de alimentos, bebidas y practicas sexuales para la purificación del espíritu.

Este mes conmemora la revelación del Corán al profeta Mahoma. Es por eso que durante esta época, la lectura de las sagradas escrituras debe ser más constante con la intención sublime de acercarse a Alá.

El ciclo de ayuno para los musulmanes, (tanto chiítas como sunitas) inicia desde el alba y se rompe con la llegada del atardecer. En mi caso, el ayuno comenzó con mi última comida a las 7 de la noche y se extendió hasta el atardecer del día siguiente, es decir, a las 10 de la noche.

Para los Musulmanes viviendo en Europa, el ayuno inicia pocos minutos después de las 4 de la mañana y se extiende hasta pasadas las 10 de la noche (durante el mes de verano).

Vale aclarar que por ser regido por el calendario lunar, las fechas del Ramadán varían en el almanaque, con una diferencia de 12 días. Es por esta razón, que el mes sagrado puede caer en primavera, verano, otoño o invierno.

El ayuno se inicia antes del amanecer, con una oración llamada Tarawih y se termina cuando empieza a caer la noche con el Magrib, la oración del anochecer que rompe el periodo de abstención.

En ese momento las mesas se visten con manjares de la tradición árabe: dátiles, miel, leche, jugos, panecillos y cuando el reloj marca pocos minutos pasados las 10 de la noche, llega el momento esperado, el Iftar que es la comida que termina el ciclo de ayuno.

El primer alimento a consumir es un dátil, esta nutritiva fruta fue la que el mismo profeta Mahoma usaba para finalizar su ayuno. La preferencia por este delicioso manjar no sólo se basa en su poder reconstituyente, por su alto contenido de azúcar, es también la fruta del paraíso para los musulmanes y el alimento simbólico del Ramadán.

Luego de consumir un número impar de dátiles, es necesario tomar sorbos de leche, la bebida por excelencia en el paraíso, para luego dar paso a la sopa.

En este caso una deliciosa y densa harira marroquí, hecha con verduras, fideos, carne de cordero, garbanzos y exóticas especias. Esta sopa se compaña de Mlawi, un delicioso hojaldre hecho de sémola de trigo.

El banquete continúa y este iftar, tradicionalmente hecho en comunidad, da paso a un festín con couscous, pinchos de cordero y pollo, arroz, verduras y el infaltable humus. Para cerrar con broche de oro, una colorida bandeja de frutas frescas.

Después de este suculento festín, y ya pasada la media noche no me queda más opción que pedalear por 11 kilómetros de camino a casa, reflexionando sobre las lecciones aprendidas durante esta experiencia religiosa, en la que mi mundo se hizo un poco más amplio y tolerante.

Así pues decido publicar hoy este blog, en el día en el que el mundo musulmán celebra el Eid al Fit, el agasajo de finalización del ayuno, en el que la comida, la música tradicional, los dulces y regalos abundan para cerrar un mes de introspección y autodisciplina.

Finalizo pues evocando a Jesús, Mahoma y Abraham, los profetas de la Biblia, el Corán y la Torá, que predican el mismo mensaje: la bondad, compasión, el respeto y el amor al prójimo como el camino a seguir.

Mi invitación es a no creer ciegamente en los estereotipos, a abrirse a otras ideas, para encontrar similitudes con nuestra propia moral y códigos de vida y desmitificar así ese erróneo concepto, en el que todos los musulmanes son terroristas.

Eid Mubarak para todos los que alaban a Alá y para usted señor lector, mis más profundos deseos, para que a través de mis palabras se haya acercado a una de las tradiciones más importantes y fascinantes del mundo del Islam.

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